La IA no sabía sumar
Y aun así ha programado este blog. Lo que cambió entre una cosa y otra.
Me negaba a que una máquina escribiera el código por mí. Este blog lo ha escrito una.
Hasta hace poco, usaba la IA solo para tareas puntuales: «revísame esta función», «tradúceme este texto al inglés». Lo demás lo escribía a mano, y quería que siguiera siendo así. No me gustaba nada la nueva normalidad del vibe coding.
Un poco de contexto
Empecé a programar hace unos cinco o seis años. Venía del mundo del diseño, así que me enfoqué en el front-end. Me flipaba la idea de poder dibujar una interfaz en papel y trasladarla a la pantalla. Luego llegaron las primeras aplicaciones web y las aplicaciones empresariales: miles de líneas de código, primero en JavaScript puro y después en React.
Por el camino conocí a mi mejor amigo: Stack Overflow. Una buena amistad, la verdad. Muchas de sus respuestas no me servían, más bien lo contrario, pero aprendí muchísimo de ahí. Y justo cuando empezaba a sentirme suelto programando, aparecieron los primeros modelos de lenguaje (o, por lo menos, fue entonces cuando yo los descubrí).
Sumar 24 números
Tenía algo de mágico escribir una instrucción en lenguaje natural y que la máquina la interpretara, la entendiera e hiciera lo que le habías pedido. Pero no todo era tan bonito. En la empresa donde trabajo hicimos pruebas, y en una de ellas descubrimos que la IA no era capaz de hacer una operación tan simple como sumar 24 valores. Cada vez daba un resultado distinto. Probamos de todo: muchísimos intentos, prompts diferentes, ejemplos resueltos. Nada. Para el mismo problema, un resultado distinto cada vez.
Así que no me tomaba la IA muy en serio.
De la biblioteca al móvil
Pasó el tiempo y los modelos se hicieron más listos, más rápidos, más grandes. Mis dudas ya no iban a Stack Overflow, sino a ChatGPT, hasta que llegó un momento en que dejé de abrir Stack Overflow por completo. Tener la respuesta al instante era mucho más rápido y más satisfactorio.
Eso me recuerda una entrevista a Maksim Dorofeev, un programador ruso, en la que contaba cómo hacía las «búsquedas en Google» de su infancia. Se encontraba con un problema y lo meditaba bien. Se vestía. Cogía el bus hasta la biblioteca pública de su ciudad. Buscaba el libro concreto. Buscaba la respuesta dentro del libro. Volvía en bus, pensando por el camino en lo que había aprendido. Llegaba a casa y lo aplicaba.
Todo ese camino, cuando hoy basta con abrir una aplicación en el móvil. Sigo flipando mientras escribo esto.
Y luego, Claude Code
Luego probé Claude Code, y cambió el juego por completo. Sacar una funcionalidad empezó a ser muchísimo más rápido. Ahora mis únicas peleas con Claude son por las fumadas que entrega de vez en cuando.
Entiendo a quien dice que el código generado es una mierda. Si dejas que la IA haga lo que le dé la gana, acabarás con un software lleno de brechas de seguridad, ilegible e imposible de mantener. Es una herramienta perfecta para quien sabe lo que hace y la usa con cabeza.
Lo que aprendí
Este blog es mi primer side project completo en el que no he escrito yo ni una línea de código. De cero a producción en menos de dos días. La verdad es que es satisfactorio, aunque no ha salido gratis:
- Hay que revisarlo todo. Que el código funcione no quiere decir que esté bien.
- Tiende a la sobreingeniería. Si no le pones límites, resuelve problemas que no tienes. Parte del trabajo ha sido quitar, no añadir.
- Las instrucciones también son código. Las skills y la configuración que le das deciden la calidad del resultado, y todavía las estoy afinando.
Hace unos años, la IA no sabía sumar. Hoy ha programado el blog en el que estás leyendo esto. Y yo, que me negaba, ya no digo que no.